lunes, 1 de diciembre de 2008

Lectura.

Este texto fue publicado por la revista francesa Purple journal en Abril de este año, trata de explicar los proyectos ViAjo y Un vagón hermoso, casi todos los posteos de noviembre y diciembre tratan sobre nuestros viajes a Médanos y Buratovich.

A modo de prólogo, una poesía de Mercedes Villalba.




Lola mira para arriba
y al lado suyo yo soy como una piedra
casi preciosa que le refracta la luz.
Las clavículas paralelas al horizonte
gigante
rozando la luz de verano.*



Aunque puede ser que entonces,
cuando es el tiempo de las cebollas.

Intuyo que cuando llega empiezan a caerse tus paredes
para dejar hueco a la luz del invierno,
como una casa hecha de huellas
adentro de la huella que es tu casa.

Puede ser,
cuando llegue
(el tiempo de las mejores cáscaras, digo)
en julio, por ejemplo, que todo es del invierno
¿va a caerse la luz, como un fruto maduro?
¿vas a andar descalza y se te va a pegar a las plantas de los pies?
¿y tus zapatos, tan lindos?

Sospecho que muchas cosas
se enciman, se amontonan y se caen.
Que muchas cosas son como las frutas:
la luz, por ejemplo, o la vendimia
que en tu caso llega y es un cielo enorme.

Era un crisantemo, al final,
el delicadísimo susurro,
lo que estaba arriba, más arriba,
más arriba todavía.




Lo pequeño es hermoso


Quince horas en tren hasta llegar a Buratovich (5000 habitantes), un pequeño pueblo ubicado a 780 km al sur de la ciudad de Buenos Aires, sólo un tren a la semana. Diecisiete años atrás el gobierno decidió cerrar la mayoría de los servicios ferroviarios. Médanos (6000), es el pueblo vecino, y no llega el tren; la comunicación entre ambos pueblos es muy complicada sin automóvil, solo un ómnibus incómodo y costoso nos deja en medio de la ruta, luego hay que transitar 15 kilómetros más para poder llegar.
Desde hace varios años unos pocos artistas decidieron retomar la relación existente en épocas del ferrocarril, tal vez por esta razón, a modo de símbolo comenzaron a utilizar lo que el Estado descartó por obsoleto, la estación de trenes en Médanos, donde funcionó hasta 2004 el Centro Cultural Médanos, talleres de arte, poesía, teatro, gratuitos, solventados con la ayuda de algunos vecinos y del sorteo de un lechón, también muestras y conciertos modificaron el paisaje habitual.

En Buratovich consiguieron dos vagones abandonados en medio del campo, este invierno han refaccionado uno de los vagones, junto a otros artistas extranjeros que colaboraron con la refacción; organizaron talleres de grabado y fotografía, piensan organizar más talleres, proyecciones de cine, ediciones y un espacio para estar al resguardo de la intemperie, que en esta región muestra un rigor poco amable. Además, otro vagón va a convertirse en residencia para recibir artistas, y convertirse en medio para el vínculo con la comunidad. Esta actividad, que tiene como cara visible a Carolina Pellejero está acompañada por el trabajo en “La Casita”, centro de apoyo social en el barrio La primavera, conformado en su mayoría por inmigrantes bolivianos, no integrados totalmente al grueso de la sociedad, dedicados al cultivo de la cebolla. Dentro del predio de vagones, está Dardo Berrios; -un maravilloso agricultor- que trabaja en su vivero, ha construido una huerta orgánica, y dedica su tiempo a la forestación del pueblo intentando devolver la belleza tan maltratada por tanta urgencia económica. Durante el viaje, con los amigos, hablamos sobre el agricultor japonés Masanobu Fukuoka, siempre pensé que la pampa argentina tiene una contemplación familiar a la japonesa, hablar con él le dio un poco de certeza a este intento por unir imágenes a priori un tanto extrañas...

De regreso en Médanos conocimos el nuevo proyecto de viAjo mediante Fernando Mariani y Juan Cruz Iglesias, hacia el año 1906 se estableció una de las comunidades judías más grandes del país, aparte de la sinagoga y el cementerio, los colonos llevaron adelante diversos emprendimientos agrícolas, agropecuarios y comerciales, entre ellos una librería y cigarrería, lugar de reunión del barrio ruso llamado La Armonía. Tras la muerte de la familia Chernin, dueños del establecimiento, la sociedad israelita se ocupó del lugar. Debido a las reiteradas crisis políticas y económicas la mayor parte de la comunidad dejó el pueblo y La Armonía quedó abandonada. Actualmente el lugar está siendo recuperado por viAjo para continuar con el trabajo del CC Médanos, esto sumado al préstamo de una casa muy curiosa para quienes vamos de visita o a trabajar en los proyectos, situada dentro de un barrio construido por el ex Presidente Perón para la empresa de gas estatal. Lo extraño para nosotros, acostumbrados a la acelerada pérdida de la elegancia y confort, es cómo se pensó en algún momento la vida: casas para obreros con espacios impensables hoy; jardín, árboles, aire, tranquilidad.

El derecho a la belleza, perseguido por Dardo en Buratovich, no es solo nostalgia; cuidar un jardín fue una tarea de suma importancia, le ha dado sentido a una frase escuchada en mi infancia: “paz social”. Nunca más oí hablar de ella como realidad; talvez sí, como anhelo cuasi utópico.
¿Cómo fue que lo más obvio se transformó en un ideal inalcanzable, que cuando apenas se lo roza se transforma en una hazaña extraordinaria? Cada viaje a estos lugares nos da mucho para pensar, siempre la misma pregunta. ¿Cómo es que aceptamos resignar nuestra calidad de vida?, ¿qué Bienal nos convenció de que el arte progresa, que el progreso nos beneficia y que éste es hacer fotografías cada vez más grandes?.

Guillermo Ueno

3 comentarios:

barbara scotto dijo...

Ueno, qué buena pregunta!

Guillermo Ueno.Lola Goldstein dijo...

HOla Barbara.

pasto dijo...

qué bienal nos convenció de que el arte progresa?